Las Generaciones de nuestros padres y abuelos han vivido y viven obsesionados con la propiedad. Ser propietarios de un piso, de un chalet, de un terreno o de un vehículo se convierte en una máxima para sus vidas, y es precisamente dicha obsesión, la que nos transmiten desde bien pequeños a nosotros. Ellos miden la riqueza y el éxito a través del número de objetos, inmuebles o propiedades que una persona sea capaz de adquirir.

Probablemente, este sentimiento de la propiedad provenga de las antiguas migraciones de nuestros padres o abuelos hacia Alemania y Francia allá por los 60, donde tenían que trabajar para grandes propietarios de empresas y en ostentosas casas de familias apoderadas.

La diferencia es, tan solo, toda una época y una evolución de un sistema económico mermado por una gran crisis hacia algo totalmente diferente, donde evidentemente, ese sentido de propiedad ya no tiene ni sentido ni cabida.

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué en España el índice de viviendas en alquiler es tan bajo? En concreto y, según un estudio reciente realizado por El Economista, los alquileres en España representan un 17% frente al 33% de la media europea, es decir, muy por debajo.

En otras palabras, en Londres, Berlín, Paris y demás capitales europeas viven casi un tercio de la población en régimen de alquiler y no por ello son pobres. De hecho, muchos de ellos, viven muy por encima de la renta media al no encontrarse sus carteras encadenadas a una hipoteca.

¿Os habéis preguntado cuáles son las razones por las que comprar un piso en lugar de alquilarlo? Si tus respuestas son, la seguridad o el tener algo propio…piensa en la cantidad de desahucios que se llevan a cabo en España al día, ¿a eso llamas seguridad o propiedad? Me da a mi que nos han engañado como a chinos y el piso o el coche son del banco. ¡Eso desde luego!

Lo que está claro es que lo que nos han intentado inculcar hasta la fecha, “adquiera su vivienda”, “compre su coche”, “adquiera su segunda vivienda de vacaciones”, “compre joyas”…ya no encaja en este nuevo sistema de vida, nada nos asegura nada, más que un gasto fijo mensual y que la propiedad de todo sea del banco hasta pasar la deuda incluso a nuestros nietos.

Un activo que empieza a coger mucho sentido y protagonismo es el tiempo. Las nuevas generaciones entendemos perfectamente que lo importante no es vivir para trabajar y pagar todas mis deudas, sino trabajar para vivir y poder conocer mundo, viajar, estar tiempo con los nuestros, dedicarnos a nuestros hobbies, enriquecer nuestra mente…entendemos que lo importante no es sentirnos plenos al fin, sino sentirnos plenos durante todo el camino.

Nosotros medimos la riqueza por el mundo que recorremos, por los días de vacaciones, por el grado de moreno de nuestra piel, por el tiempo dedicado a los nuestros, es decir, por la cantidad de tiempo que podamos dedicar a aquello que más nos gusta. Incluso convertimos a aquellos que viven de sus aficiones o hobbies en grandes héroes.

A día de hoy no tengo nada en propiedad, trabajo desde mi casa, me levanto cuando quiero, me apasiona mi trabajo y me cuesta ordenar mi tiempo de dedicación a mis grandes hobbies: Social Media, mi grupo de música, conocer mundo, mi familia y mis amigos. En cuanto a mi poder adquisitivo, que muchos os estaréis preguntando “¿y este de qué vive?”…dejémoslo en un “estoy más que conforme” por dos simples razones: la primera es por la pasión que pongo a mi trabajo y que se traduce en una más que satisfecha remuneración y, la segunda y más importante, porque no tengo gastos fijos que se coman mi sueldo a primeros de mes.

Como conclusión, cabe resaltar quienes somos:

Somos la Generación Millennial, la mejor preparada y formada del mundo, trabajamos para vivir y nuestro tiempo es nuestra máxima.

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