Grandes movimientos migratorios, puestos de empleo y empresas que desaparecen, dificultades en los flujos monetarios, líderes que pierden credibilidad y un sistema que ya no funciona.

Grandes oportunidades, puestos de empleo y empresas que aparecen bajo nuevos formatos, nuevos sistemas de pago, líderes que empiezan a ganar credibilidad por lo que son y no por lo que dicen, y un nuevo sistema emergente que funciona.

¿Os suena de algo todo esto? En segundo de carrera, concretamente durante la asignatura de “Historia de la economía”, nos preguntaron:

¿Por qué creéis que es importante esta asignatura?

La respuesta fue:

Para aprender lo que ocurrió en el pasado, entender el presente y mejorar el futuro

Pues bien, poniendo en práctica esta valiosa lección y haciendo un análisis de lo ocurrido en otras épocas, lo que está sucediendo se asemeja bastante a algo que ya hemos vivido. En concreto durante la época de la revolución industrial.

Movimientos del campo a la ciudad, empresas agrícolas que ya no funcionaban, puestos de empleo que desaparecían sustituidos por máquinas y otros super especializados que emergían de entre las cenizas. Nuevas empresas más potentes y un nuevo sistema económico basado en la propiedad y el capital.

Hoy en día vivimos el inicio de la era de la comunicación 2.0, la era del consumidor social. No somos conscientes de que estamos ante un cambio revolucionario que está trastocando la forma y velocidad en la que nos conectamos, nos comunicamos y, por tanto, trabajamos, un cambio de mentalidad.

Hoy en día, cualquier persona de a pie puede convertirse en líder de opinión o en el profesional que desee con tan solo un blog, y sin necesidad de pasar por estratos de influencia. De esta forma los nuevos líderes comienzan a surgir de entre el pueblo, y, lo más importante, elegidos realmente por el pueblo por su talento y valía, y a velocidades vertiginosas. Grandes ejemplos en España son Bere Casillas, Lovely-Pepa o Jose María Gay de Liébana, “el economista indignado”.

Este fenómeno trastoca todo el sistema y provoca un efecto muy parecido al vivido durante la época de la revolución industrial. Movimientos de los jóvenes a Europa, empresas volcadas en el sector público que ya no funcionan, puestos de empleo que desaparecen  y otros súper especializados que emergen de entre las cenizas como community managers, bloggers y youtubers. Nuevas empresas formadas por equipos más potentes y un nuevo sistema económico basado en el autoempleo y la comunicación.

Los nativos digitales tenemos una ventaja competitiva, algo que ya hace sombra a la famosa experiencia, y es la velocidad de conexión, comprensión y adaptación al mundo y sus cambios, gracias a las nuevas tecnologías y un grado de preparación muy elevado. Nuestra eficiencia comienza a estar más que probada y es nuestra seña de identidad, nuestra ventaja y nuestra oportunidad.

Actualmente trabajo en lo que me gusta, y hace unos años nadie creía en mi como profesional. La respuesta de bancos, empresas y multinacionales siempre había sido:

“Te falta experiencia”

Pero lo cierto es que estoy aprovechando cada una de mis ventajas, la velocidad de conexión con el mundo, mi grado de preparación para comprenderlo, las nuevas tecnologías y mi entusiasmo por aquello que me apasiona, para hacer de mí, mi propia marca. 

Somos la Generación Millennial, se nos ha tachado de inexpertos y ha sido la gran ventaja de los profesionales que iban por delante de nosotros para desplazarnos hasta, incluso, tener que abandonar nuestro país. Ahora tenemos la oportunidad de cambiarlo, tenemos una gran ventaja que estamos obligados a aprovechar, y es que, nos movemos como Dioses por entornos digitales.

Somos la generación mejor preparada del mundo y es nuestro turno.

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